sábado, 2 de febrero de 2008

OCEANUS

A veces me detengo en la orilla Donde las penas vierten sus flujos, Y las aguas turbulentas suspiran y se quejan De secretos que no se atreven a contar. Desde las simas profundas de valles sin nombres, Y desde colinas y llanuras que ningún mortal conoce, La mística marejada y el hosco oleaje Sugieren como taumaturgos malditos Un millar de horrores, henchidos por el temor Que ya contemplaron épocas hace tiempo olvidadas. ¡Oh vientos salados que tristemente barréis Las desnudas regiones abisales; Oh pálidas olas salvajes, que recordáis El caos que la Tierra ha dejado tras de sí; Una sola cosa os pido: Guardad por siempre oculto vuestro antiguo saber!

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