sábado, 2 de febrero de 2008

CAMPANAS

Escucho las campanas de aquella torre majestuosa; Las campanas del esplendor de Yule en una noche turbulenta; Repicando con sorna en una hora lúgubre Sobre un mundo sacudido por la codicia y el espanto.
Sus melodiosos tonos resuenan en miríadas de tejados; Un millón de almas insomnes asiste al juego de los carillones; Sin embargo su mensaje cae sobre un suelo pedregoso... Su espíritu es cercenado por la espada del Tiempo.
¿Por qué suenan, remedando los años felices Cuando la paz y el sosiego reinaban en la plácida llanura? ¿Por qué sus acordes familiares provocan las lágrimas De aquellos que tal vez no vuelvan a conocer la dicha?
Hace años los conocía bien... hace muchos años... Cuando el antiguo pueblo dormía en la ladera; Entonces vuestras notas resonaban sobre la nieve iluminada por las estrellas En medio de la alegría, la paz y la esperanza eterna.
Mi imaginación evoca el modesto chapitel; El tejado puntiagudo, negra sombra contra la luna; Los góticos ventanales, ardiendo con un fuego Que presta la magia a los cínicos tonos.
Venerable cada seto cubierto de nieve bajo los rayos Que añadían plata a la plata del valle; Encantadora cada choza, cada vereda, cada arroyo, Y alegre el espíritu del aire perfumado por los pinos.
Los pastores profesaban un simple credo; Vivían en inocente beatitud entre las montañas; Sus corazones joviales, sus almas honestas en paz, Animados por las sencillas alegrías de los mortales.
Pero una horrible plaga aparece en escena; Un fantástico nimbo se cierne sobre la tierra; Formas demoniacas flotan por encima de los bosques, Y ante cada puerta se alzan sombras malignas.
El Tiempo, siniestro bufón, avanza por la pradera; Bajo su paso la alegría se extingue. Corazones joviales se desangran con angustia inexpicable, Y almas atormentadas proclaman su influencia funesta.
Conflicto y cambio acosan al mundo vacilante; Pensamientos salvajes y quimeras ciegan la razón; La confusión se apodera de una raza senil Y el crimen y la locura merodean impunemente.
Escucho las campanas... las campanas burlonas y malditas Que despiertan recuerdos que obsesionan y paralizan; Suenan y resuenan sobre un millar de infiernos... Demonios de la noche... ¿por qué no permanecéis tranquilos?

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